Escuchar los juramentos vociferados por algunos representantes del pueblo en el acto de su asunción, nos deja la impresión que están seguros que nadie demandará por sus faltas como funcionarios, como lamentablemente ocurre hace años. Es claro que para ellos no tiene sentido jurar por la Patria, o Dios si así lo cree, porque, de todas maneras, harán lo que consideren necesario sin importarle la Patria o quién pueda juzgarlos. Retomando el tema de la nota publicada por Juan Francisco Segura (13/12/21) sobre el tema de la corrupción y que recuerda del Día Internacional Contra la Corrupción, es indiscutible que lo que hace falta en el país es un sistema de control riguroso y eficiente de la corrupción. Pero eso requiere funcionarios políticamente independientes, honestos, honorables y capaces. Entonces me pregunto ¿dónde conseguimos funcionarios a los que se les pueda demandar, en nombre de la Patria, los incumplimientos de deberes o actos de corrupción? Escuchar esos estrafalarios y extravagantes juramentos, nos lleva a concluir que así no se puede esperar un sistema serio de control de la corrupción. Cuando la ideología no deja ver que el fin no puede justificar los medio y que el pueblo, que constituye al Patria, puede tener reclamos que realizar, entonces quedamos inermes para luchar contra la corrupción.  

Juan C. Díaz Ricci

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